Tú matando los segundos
con raciones de autoengaño y locura
en el apocalipsis de mis metas.

Tú arañando mis quimeras,
sueltas y libres,
Tú flirteando con el placer,
rescatando mi poesía
en custodia preventiva.

Tenías que volver y espantar estas claridades, estas certezas firmes que me mantenían seguro.

Y volvió la ruptura.
La indiferencia brotaba de
mis lágrimas sedientas.

Y se fue la cordura.
Y la conciencia lloraba
un amanecer sangriento
recién despierta.

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