No quieras tocarme

sin haber deslizado la huella de tu dedo,

fisgón y curioso, entre mi cuaderno de notas…

no sin pasar entre cada página ya existente y por tanto eterna, 

más eterna que mi otro cuerpo hecho de carne y hueso…

cuaderno que guardará mis fantasmas

celosos de su propia visibilidad,

para que puedas leer su silencio encarcelado

y desnudos y visibles los dejes,

libres y peligrosos, una vez más. 

 

No quieras saber más de mí sin recurrir a mi realidad escrita, a mis silencios ya justificados y rellenados entre esas lineas que lo explican todo, explicando cuando deje de hablar, explicando mi conformidad, quizá tímida y cobarde entre cada palabra, pero segura y protegida ante la tormenta de dolor que hacía afuera, ante esas borrascas de la emoción libertina, ante tanta sinceridad con las alas cortadas, ante tanto propósito encarcelado por una conveniencia vestida de miedo. 

 

Locura sería la de besarme, besarme sin haberte sentido participe de ese trocito de papel, de esa historia viva, preparada para un recuerdo que ahora es posible, no me beses sin sabor a poesía, ni me entregues tu saliva sin palabra de vuelta, sin versos recreando ese instante demasiado preciado como para resumir en: “fue todo bonito”. No, conmigo, no. 

 

Cuando extrañes en mi la palabra que salga de mi boca, busca en mi cuaderno, busca la hora, el minuto, el segundo mas reciente, busca ese dolor, busca esa euforia secuestrados cálidamente, todavía recientes, como polen recién caído en una flor preparada para absorber toda su esencia y generar vida, generar flores para la amargura o flores para el recuerdo de lo que fue bueno y digno de contar. 

 

Busca esa poesía en mí, esa poesía que muchas veces calla, muchas veces medita en un silencio la falta de su forma de expresión, otras veces sale liberada, como ahora, en prosa poética, más libre y cercana al sinfín de palabras necesario para edificar nuestro instante, nuestra emoción recién cazada, pues los aficionados a poetas nos escondemos entre las sombras más íntimas de esta jungla demasiado frenética, nos escondemos y cuando creemos oportuno salimos a cazar alguna imagen demasiado preciosa como para ser olvidada en la fragilidad de la memoria o la ceguera de nuestros sentidos, insuficientes y escasos para darle sabor al presente y eternizarlo….

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